La Hna. Cilenia
comparte su mirada de fe a la coyuntura
nacional. Reclama mayor honestidad,
conciencia y capacidad de desprendimiento
por parte de todos, particularmente
de los líderes sociales, políticos
y cívicos. Dice que el principio
del bien común y la opción
preferencial por los pobres van juntos
y pueden aportar al verdadero progreso
de nuestro país. Habla de la
oración como un medio privilegiado
para llegar al corazón y alma
de las personas y augura mejores días
para Bolivia.
Sistema Maná (SM).- Como religiosa
y boliviana ¿cómo ve
la situación del país?
Hna. Cilenia Rojas (HCR).- Como boliviana
veo el país fragmentado, dividido
y confundido, por todas las situaciones
que vivimos. Nadie esperaba estas
situaciones de rechazo incluso entre
unos y otros, cuando en nuestra conciencia
todos llevamos sangre indígena
aymara o quechua. Es doloroso ver
esta fragmentación y división,
este sentimiento de rechazo, eso es
preocupante porque rompe aquel sueño
de Dios que todos nos sintamos sus
hijos, rompe esa fraternidad entre
nosotros.
Es cierto que siempre ha habido diferencias
de clase, es cierto que es hora de
trabajar con mayor fuerza por lo más
necesitados y marginados, y la Iglesia
en esto nunca ha doblado su brazo.
Sin embargo lo que sí cuestionamos
en este momento son las formas como
se procede para lograr esos cambios.
SM.- El país se percibe distinto
desde diferentes lugares ¿es
posible recuperar un sendero común
para construir el país entre
todos, sin excluidos?
HCR.- Claro que es posible, pero
para eso cada uno tiene que morir
algo y eso cuesta, porque cada uno
quiere barrer a su terruño.
Para hacerlo posible es necesario,
es urgente dialogar y que en este
diálogo si algo tiene que morir
sean los intereses personales.
Es triste que no prime el bien común
del que habla la Iglesia. Es natural
que cada uno defienda lo suyo, sus
intereses, pero basta ya de utilizar
a nuestro pueblo, basta de que se
utilice a nuestra gente en los diferentes
sectores. Hay que dialogar, pero para
este diálogo tiene que haber
mucha sinceridad y desprendimiento.
Trabajar por el bien común
es lo que más hace falta en
este momento.
SM.- ¿Son compatibles el bien
común y la opción preferencial
por los pobres?
HCR.- Son compatibles. Es lamentable
que a veces se quiera callar la voz
de la Iglesia cuando defiende el bien
común y la opción por
los pobres. Cuando se opta por los
pobres es porque los pobres siempre
han sido los maltratados y olvidados
de nuestra sociedad y, a muchos, les
estorba esta actitud y posición
de la Iglesia.
La Iglesia ha trabajado siempre por
el bien común, quizá
ha faltado, en algunos momentos, el
testimonio profético, pero
lo ha hecho. Bien común y opción
por los pobres van juntos, porque
no dejamos de lado a nadie. Entre
los miembros de la Iglesia y entre
los propios gobernantes hay muchos
que han conocido de cerca la pobreza,
la miseria, el hambre. Por eso es
posible, pero debemos dejar de ser
egoístas y dejar de pensar
sólo en nosotros mismos.
SM.- El bien común engloba
los bienes particulares ¿qué
falta a los grupos y movimientos sociales
en nuestro país?
HCR.- Falta una conciencia honesta,
sincera y franca. Porque, muchas veces,
tenemos gente necesitada pero también
hay quienes almacenan riquezas tras
de una aparente pobreza y superar
eso requiere de una honestidad personal.
Por otro lado, aquéllos quienes
abundan en riqueza necesitan también
aflojar porque hay gente necesitada
a su alrededor. Por ambos lados se
requiere mucha honestidad, sinceridad,
franqueza, limpieza y no caer en el
mismo error de decir “yo he
sido explotado y ahora me convierto
en un explotador o en alguien que
acumula riqueza”. Eso es lo
lamentable y por eso no se llega a
un equilibrio y a una verdadera justicia.
SM. ¿Qué nos aporta
la oración?
HCR.- La oración para nosotros
es clave y fundamental. Nosotros creemos
en la conversión de las personas,
en la conversión profunda del
corazón. Y no va a poder haber
cambio social, político o económico,
si no hay una conversión profunda.
Es la conversión desde Dios
la que permite que la persona se conmueva
por el otro y tenga entrañas
de misericordia y realmente sepa morir
a sus egoísmos y sepa compartir.
Una persona que se encuentra con
Dios, con Jesucristo que es camino,
verdad y vida, vive con verdad y justicia,
anteponiendo la fraternidad en su
vida. Para los creyentes, seamos de
la religión que seamos, la
oración cambia profundamente
el corazón del ser humano,
ese corazón endurecido, egoísta
o avaricioso. Sólo Dios puede
transformar eso.
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