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Una vez que la candidata
ha sido admitida a formar parte de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia,
el Instituto se preocupará de formarla adecuadamente con el objetivo
de hacerla apta para que colabore eficazmente en la búsqueda
de la mayor gloria de Dios y del servicio a los hermanos, principalmente
a los más necesitados.
Asumimos la formación como un proceso liberador de maduración y acompañamiento a la iniciativa de Dios, en comunión sapiencial contemplativa y progresiva del carisma que nos convoca. Encarnando el Evangelio en nuestra vida. Es un proceso de conversión que afecta no sólo al yo personal sino al social, para una plena participación del Misterio de Cristo Resucitado en comunión filial con el Padre y en comunión fraterna con los hermanos. La Comunidad y la Misión, son el lugar privilegiado donde se lleva a cabo el proceso total de la formación; donde se logra la identidad personal y la conciencia de pertenencia a la familia religiosa, asumiendo su vida, historia y tradición en la maduración del carisma. |
1.
El Prenoviciado
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La formación comienza con esta etapa -que
es la primera- la puede durar de seis meses a dos años. Teniendo
como normal un año. Tiene como objetivo el conocimiento mutuo
entre la Congregación y la Prenovicia a través del contacto
con una comunidad, donde la joven debe adquirir una madurez progresiva
en su experiencia cristiana y reforzar el carácter personal de
su seguimiento al Señor en nuestro Instituto.
Es un momento delicado por todo lo que conlleva de cambios, expectativas, rupturas y choque cultural. |
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La segunda etapa dura normalmente dos años.
Su objetivo principal es conocer y discernir su vocación
dentro del Instituto y que prueben su modo de vida, conformando
la mente y el corazón con la espiritualidad ignaciana y que
puedan confirmar, desde dentro, si el Instituto es para ellas y
si la joven es para el Instituto. En esta etapa una se hace familiar
con Dios en la oración y va conociendo y aprendiendo a querer
a la Congregación, a la que ha decidido entrar.
El Noviciado termina con la confirmación, por parte de la joven de la certeza de su vocación; y si el Instituto la considera apta, le permitirá que haga su Profesión haciendo los votos de pobreza, castidad y obediencia por un año y el compromiso de trabajar con todas sus fuerzas y aún a costa de su vida por la extensión del Reino de Cristo, al lado del Papa y los Obispos. |
3. El Juniorado
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Esta tercera etapa tiene una duración de
cinco años, prorrogables por la Superiora General hasta nueve.
El objetivo de esta etapa es la maduración progresiva de la
fe y de la vocación religiosa de quien ha optado personalmente
por Cristo.
Dado que nuestra vocación tiene como fin la
Evangelización, este periodo de Juniorado, requiere que todas
las hermanas, - respetando los diversos niveles culturales - adquieran,
de manera sistemática, formación teológica, pastoral,
cultural y técnica al mismo tiempo que toman ya parte activa
en la pastoral del Instituto. |
4. La Tercera Probación
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Esta es la etapa preparatoria a los votos perpetuos.
Dura de seis meses a un año, siendo lo normal un año.
Se vive en grupo, formado por las junioras pertenecientes a los diferentes
países de donde proceden. Las acompaña una Maestra nombrada
especialmente para esta etapa.
El objetivo general de esta etapa es sellar la personalidad de la Misionera Cruzada de la Iglesia potenciando la responsabilidad misionera, tanto en orden a la organización interna de la Congregación como a su misión apostólica. Terminada esta etapa, se evaluará, por última
vez, la aptitud de la juniora para ser admitida definitivamente al
Instituto, si es considerada apta, se la invitará a hacer sus
votos perpetuos. Hechos sus votos, se encuentra lista y dispuesta
para ser enviada a trabajar donde la Congregación juzgue que
podrá ser de mayor servicio a Dios y ayuda a los prójimos. |
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5. Formación Permanente
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La Misionera
Cruzada de la Iglesia
nunca puede dejar de estudiar si pretende colaborar adecuadamente
en el trabajo con el Señor. Por eso, si bien la formación
formal termina con los votos perpetuos, es deber de cada hermana continuar
el proceso de autoformación.
La Congregación dará a las hermanas tiempos
especiales de reflexión, silencio y oración para la
renovación de su vida religiosa; continuarán su formación
en Teología y en Ciencias humanas necesarias para la realización
de nuestro fin, y estarán al tanto del desarrollo del pensamiento
y la reflexión contemporáneos. |